Todas las parejas pasan por peleas y enfrentamientos de vez en cuando, lo cual es totalmente normal y significa que están teniendo una vida juntos. Estas discusiones no ponen en peligro la relación cuando son enfrentadas de manera inteligente y con buena comunicación. De hecho, estos conflictos pueden hacer que la pareja se acerque aún más, fortaleciendo la relación. La clave aquí es saber manejar el conflicto y decidir la forma en que estos serán solucionados antes de que se presenten.

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Aunque en ocasiones no lo parezca, somos seres racionales. Y si en ocasiones no lo parece es porque cuando la ira nos invade, la mente se nos nubla y quizá lo que sale por nuestra boca no sea lo más adecuado para solucionar nuestros problemas de pareja. Quizá nos desahoguemos por un breve período de tiempo, pero a la larga, terminaremos ocasionando graves estragos en nuestra convivencia. Y no es que no sepamos cómo tratar a nuestra pareja, sino que en esos momentos críticos perdemos lo que precisamente debería ser más importante, el sentido común.

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El fraile franciscano inglés Guillermo de Ockham alumbró lo que sería conocido posteriormente como el principio de parsimonia, que viene a decir que en igualdad de condiciones, la teoría más simple tiene más posibilidades de ser correcta que la compleja. Lo cual viene a cuento cuando comenzamos a construir castillos en el aire y a atribuir causas insospechadas al comportamiento de nuestra pareja. Probablemente la explicación más sencilla sea la verdadera, y si se le ha olvidado llamarte es porque realmente se le ha olvidado, no porque estuviese citada con su amante en un hotel a las afueras de la ciudad.

  1. No se trata únicamente de contar hasta diez entre exabrupto y exabrupto, sino también en dejar que la otra persona se explique y presente su versión de los hechos ante tus acusaciones.
  2. Intenta responder a la pregunta: ¿Por qué estás enfadado/a?, y descarta la primera respuesta: en muchos casos seguramente lo que tanto te haya enfurecido no sea el objeto de la discusión que se está manteniendo
  3. No pidas lo que no puedes dar. La estabilidad de una relación de pareja debe forjarse en el equilibrio más o menos simétrico entre ambos miembros: antes de acusar a la otra persona quizá convenga que nos paremos a pensar si estamos en disposición de exigir algo así.
  4. Una discusión no se puede ganar, sólo perder. Recordemos que muchas personas han ganado discusiones, pero a cambio, han perdido a sus parejas.
  5. Ponte en la piel del otro. Apelar a la empatía con la otra persona es uno de los consejos más habituales cada vez que surge una discusión, pero raramente se lleva a la práctica de manera estricta.

 

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Seamos realistas, las parejas sin discrepancias no existen. Las que sí existen son las parejas inteligentes, las cuales han desarrollado la capacidad de mejorar su relación y comunicación. Estas parejas saben que es necesario escuchar las ideas de las dos partes, dialogan sin atacar al otro y aprenden de los errores para mantener vivo el amor que les nutre de felicidad. Éstas son las parejas que cuando llegan a la vejez son miradas con envidia y admiración por el amor que se tienen el uno al otro y la fortaleza de su relación.

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