A veces cuesta un poco diferenciar si la relación se está basando en amor o es pura dependencia emocional, ya que en toda relación de pareja es habitual sentir cierto sentimiento de necesidad, de cercanía con la persona que amamos.

Pero todo tiene un límite y un equilibrio. Los espacios propios siempre son necesarios, al igual que la confianza, la comunicación y la empatía.

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El problema empieza cuando aparecen pequeñas obsesiones o necesidades que son difíciles de satisfacer a cada momento. La obsesión por saber dónde está la otra persona, por saber qué piensa, qué siente, la ansiedad por tenerla controlada a través del móvil, del whatsapp, el miedo constante a ser abandonados…. ¿es esto quizá una enfermedad? Cuando el amor se transforma en obsesión y dependencia, ¿estamos quizá realmente enfermos?

Expertos en relaciones de pareja como Walter Riso nos dicen que no, que no es una enfermedad, se trata de un término medio entre una adicción y un rasgo de personalidad particular. Una dimensión psicológica y comportamental muy difícil de superar o de afrontar.

A veces, ni siquiera la terapia puede ser útil. Podemos hablar irónicamente de mal de amores… aunque es algo mucho más serio, puesto que la adicción afectiva es la más difícil de superar.

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Es necesario revisarse uno mismo cada día para darse cuenta en la situación en la que nos encontramos. Es muy común por ejemplo el “estar ciegamente enamorado/a”, y de pronto, percibir con un inquietud que uno está dejando de lado a la familia y a los amigos, que apenas tenemos vida social porque nos centramos exclusivamente en nuestra pareja, en su mundo, en sus necesidades…

Todo ello entra dentro del campo de la madurez emocional. Una persona madura, con autoestima y confianza en ella misma, no tiene por qué cercarnos con sus miedos y su control. La dependencia absoluta alza cercados a nuestro alrededor, barreras que no solo nos impiden movimientos, sino también espacio para nuestra mente, para nuestro crecimiento como personas individuales.

Lo esencial es que seamos capaces nosotros mismos de decirnos lo siguiente: “Puedo vivir sin la otra persona. Puedo hacerlo porque amo mi vida y me amo a mi mismo/a, porque soy capaz de de valerme y me gusta como soy. Pero sin embargo, sabiendo esto, elijo también amar libremente al otro, para crecer con él/ella, para hacer una vida juntos…. pero no atados ni sometidos”.

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Hemos de cultivar un realismo afectivo, donde exista el autorrespeto y autocontrol, podemos dejarnos llevar libremente por las pasiones del amor, pero guardando siempre nuestra integridad. La otra persona debe darnos su confianza y espacio propio para crecer como personas, al igual que nosotros lo haremos con nuestra pareja.

Todos somos vulnerables en una relación de pareja. No hay nada más caótico que el amor, lo sabemos. Pero siempre es necesario el equilibrio, la autoestima y la autoconfianza.

Una relación se construye día a día y momento a momento, no dejemos que sea al contrario… que nos vaya destruyendo.

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